El sol brillaba en el capó verde y mi hermano insistió en lecciones de manejo. Y yo, entre el miedo y la ternura, no me pude negar.
No habían otros autos ¿qué podría suceder?
Partimos lento por esas calles silenciosas.
-Suave… suave ¡SUAVE!
Toda la rueda delantera en una zanja.
Después de unos segundos de silencio, le pedí que respirara, pusiera primera y soltara lento el embrague.
El motor respondió con ese ronroneo clásico, sin dramas.
Mi escarabajo fue un rey abandonando un problema menor
Enviado por: Estefania Dieterich
Modelo: Escarabajo